Fiebre mundialista

Con mucha ansiedad, conmovido hasta el alma y con los pelos de punta al escuchar el Himno Nacional empieza el partido. A partir de ahora y durante los próximos 90 minutos, el tiempo, para mí, trascurre en un solo lugar que puedo ver por la televisión.

Grito y le pego al suelo, un golpe a la mesa, un resoplido, todo a la vez para hacer más grande el lamento de la ocasión desperdiciada. Me ato y me desato el pelo, intento tranquilizarme, pero las manos no dejan de traspirar.
Me hago creyente para rezarle a los dioses que  hagan que la pelota se vaya por arriba del palo y le pido al diablo que meta cola.

Todo esto hasta que llega el momento de máximo clímax que simboliza el gol, el gritar hasta que te quedás afónico y se te ponen los ojos rojos  de lo que empieza a arder la garganta, pero seguís gritando intentando alargar ese precioso momento en que el tiempo se detiene por completo.

No siempre es alegría, pero por ahora sigo gritando.

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2 comentarios en “Fiebre mundialista”

  1. Valli Dijo:

    Pues nada, sigue gritando, aunque ahora sea por otros;)

  2. Ezequiel Dijo:

    jajaja, sí. la alegría propia ya se acabó.
    a disfrutar de los últimos partidos, hinchando por Uruguay y la Roja.


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